Autor: CAMINO CASADO/ ANTONIO MARTÍNEZ
El año que viene a lo mejor no es así, ya que la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE ) propone un cambio en el curso escolar, que se iniciaría en septiembre y se terminaría a últimos de mayo. Pero por ahora, los meses ‘temidos’ son febrero y junio. Febrero ya está aquí y las bibliotecas están llenas, los nervios a flor de piel, y las ganas de que acaben pronto los exámenes cada vez son mayores. Algunos se toman estas fechas ‘con filosofía’. Otros, por el contrario, están alterados. “Lo normal es que estudie a diario. Creo que la mejor forma de que se me pasen los nervios es dar una vuelta. Así no me siento estresado”, dice Benjamín López Franco estudiante de la Derecho de la Carlos III de Madrid. Ansiedad Hay aspectos que afectan negativamente al rendimiento de los alumnos: el agotamiento, la pérdida de confianza, el miedo y la ansiedad. Pero los jóvenes son los que tienen en su mano hacer que este mes sea ‘más llevadero’. “Una buena preparación, afrontar las pruebas con una mentalidad positiva y ejercicios de relajación pueden evitar síntomas de estrés o ansiedad en los alumnos”, según afirman las psicólogas de la Universidad CEU Cardenal Herrera, Pilar Sanchis y Ana Enguita Ante esta situación que cada vez afecta a más estudiantes, la Universidad CEU Cardenal Herrera organiza seminarios sobre el manejo. De ansiedad en situaciones académicas. “La regularidad en el estudio, el no tomar medicamentos, hacer deporte y evitar tomar café y alcohol son fundamentales para mejorar el rendimiento”, afirma Pilar Sanchís.
Existen sustancias naturales como la cafeína, que actúan como estimulantes y que pueden generar una sensación de un mayor aprovechamiento del tiempo. De hecho, son capaces de aumentar la capacidad de atención. Sin embargo, lo que producen principalmente es un aumento en el umbral de fatiga, no en el sentido de mayor resistencia, sino de que se percibe menos la sensación de cansancio.
Memoria
Algo que les preocupa a muchos estudiantes es si el tiempo invertido en estudiar se verá plasmado en el papel. “La memoria y la capacidad de aprendizaje y atención dependen en gran parte de una estructura cerebral denominada hipocampo. Su función es parecida a la de un centro que registra multitud de informaciones procedentes de otros lugares, los procesa y posteriormente los distribuye. El alcohol cuando se toma de forma crónica puede lesionar otras estructuras
que influyen en la memoria y, en los casos más graves, llegar a producir una incapacidad para la retención y asimilación de conocimientos", explica el Doctor Javier Lavilla. Respecto a la capacidad de retener datos, existe una memoria inmediata. Cuando aprendemos algo, este conocimiento queda impreso en la memoria aunque no de forma permanente. Si tomamos
como referencia un día cualquiera, los conocimientos aprendidos pueden reducirse en un 10% al cabo de una semana y hasta en un 50% pasadas cuatro semanas. “Es imprescindible tener una buena organización y adoptar unas técnicas de estudio que ayuden a aprender mejor los conceptos”, afirma Fermín Gómez, Director de Contenidos del portal de educación y formación Aprendemas. “Creo que si llevas bien los exámenes no hay motivo para estar nervioso”, dice Diego Salas, estudiante de Medicina de la Universidad Autónoma.