Autor: ELENA D. DAPENA
El héroe americano es un veterano de guerra con los músculos hinflados y mirada “estoy de vuelta de todo, baby”. El francés, un comilón de trescientos kilos que, de pequeño, se bañó en una poción que le hace más fuerte que nadie en el mundo. El español..., un ser con nombre de embutido, gafas de culo de botella y torpeza sobrenatural.
La cantidad de conclusiones sociopsicológicas que se pueden extraer de los modelos cinematográficos. En primer lugar,
la pasión del francés por la alta gastronomía y su orgullo patrio e irreductible. Lo del modelo español versus el americano, lo explica Edu Soto (Mortadelo, “El Neng”): “¿Cómo puede ser que en Estados Unidos el superhéroe sea Superman y aquí Mortadelo y Filemón? Porque aquí nos gusta más el humor que los superhéroes; el humor español es así”.
Adaptaciones
Sea como sea, está claro que a los tres temperamentos nos atraen los personajes de cómic (tebeo, en España) o
comicables –valga el palabro, sea por Rambo–. Ahora nos atacan los tres a la vez: Mortadelo y Filemón coincidiendo con su cincuenta cumpleaños; Astérix y Obélix, en edición especial para las olimpiadas –Pekín 2008, a la vuelta de la esquina–; y Jonh Rambo... John Rambo no coincide con nada, pero, pongámosle una cifra: ¡Stallone tiene 61 añazos!
La española es divertida. El director, Miguel Bardem, ha sabido mostrar, en sus propias palabras, “la visión más surrealista y esperpéntica del mundo Ibáñez”. No miente. Decorados memorables, efectos especiales aprobados y un Mortadelo digno de las mejores carcajadas. Además, los productores han dicho que esperan que sea sólo la primera de una serie de adaptaciones, “como podría ser Superlópez”.
Los niños de Panorámix vienen acompañados de sorpresas: Santiago Segura, Adriana Karembeau, Zinedine Zidane (“Numerodix”) y Michael Schumacher (“Schumix”), entre otros. A pesar de eso, la peli es más bien aburrida, larga, pesada, tediosa, adormecedora y demás sinónimos relacionados con el sopor.
Bye, bye, Rambo
Se me hacían los dedos huéspedes esperando el turno de John. Rocky, digo Rambo, termina su saga, después de tanta guerra y tanta sangre, que basta ya, que estoy harto, que cuelgo las pistolas y dimito de héroe. Pero el que lo es, lo es, y al final siempre prefiere “morir por algo” que “vivir por nada”.
No, no; no muere. Que es Rambo, por favor. Pero a puntito está en varias ocasiones. La mejor de la película, cuando el público ya no puede evitar explotar en aplausos, es el siguiente momentazo: todos los buenos con el cráneo en las puntas de los fusiles de todos los malos. John, desaparecido. Un bueno a otro: “¿Qué podemos hacer?”. El otro: “No podemos hacer nada”. Doy fe. Nada. Imposible. Aquí piensas: es cuando Rambo se da cuenta de que no puede combatir tanto mal, salvar a los suyos y, desengañado, deja el oficio de guerrero y se dedica a la jardinería. Fin de la peli.
¡Pues no! Stallone aparece por detrás y, comenzando con una elegante decapitación, consigue que se salven todas las almas inocentes –que, además, vienen de una iglesia americana a sembrar la paz, por cierto–. Éxtasis.
Burton: toda la carne en el asador
Ésta no va de un pulpo gigante al que le salen pulpitos que disparan a los seres humanos, no. Sweeney Todd es la del barbero al que le estropearon la vida y, en venganza, decide hacer empanada de carne con los deditos, carrillos y pantorrillas de todos sus clientes. Así que, si te impresiona la sangre, no veas esta peli.
O mejor, si quieres curarte de espanto, haz terapia de shock y deja tu hematofobia en manos de un genio; Tim Burton te
revolverá el estómago hasta la inmunidad a fuerza de chorretones de líquido rojo. Y lo absolutamente increíble es que, por más malestar general que sientas a la salida del cine, seguirás pensando: “Pero, ¿cómo puede ser tan bueno este hombre?”.
Porque todos los largometrajes del director californiano tienen su sello personal (“Intento mantenerme fiel a mí mismo –aseguró en rueda de prensa en Madrid–, ser quien soy. Por eso ya no vivo en Los Ángeles”), pero nunca abandona la capacidad de sorprenderte. Ahora le ha dado por hacer un musical y le ha quedado a medio camino entre la tragedia, la comedia, el musical en sí y el film de horror. Es difícil imaginar cómo de esa receta puede salir algo alejado del esperpento, y de hecho no es necesario, porque es un perfecto esperpento.
El más puro expresionismo burtoniano (su hacedor la describe como “impresionista, no realista”) que no te puedes perder. Cineasta genial, eterno adolescente, joven atormentado a punto de alcanzar la mitad de siglo.
VIOLENCIA SIN TAPUJOS
“Si se me critica por haber dicho la verdad, estaré contento”. Así de claro lo dejó esa especie de hormona gigante y buenona
que parece Sylvester durante la rueda de prensa de presentación de John Rambo en Madrid. El actor produce y dirige una de las películas más violentas del panorama cinematográfico. Decapitaciones, fusilamientos, violaciones... No falta ni un ejemplo de tormento. “Es una película realista –defiende Stallone–; es violenta porque la guerra es violenta, porque el mundo lo es”. Mantiene que podría haber hecho mejor taquilla con algo de censura, pero que le da igual. Es tan duro...