Autor: Antonio Villarreal
¿Qué tipo de valores intenta transmitir en ponencias como la que ofreció en este Congreso en Madrid?
La verdad es que no intento transmitir nada; no soy un predicador ni soy un profesor, no soy nada salvo una persona que tuvo una experiencia diferente, y lo que quiero es que los jóvenes se den cuenta de que muchas veces van a tener que decidir por ellos mismos, y que en el momento de la decisión siempre van a estar solos. Llega un momento en la vida –por más libros que leas, por más educación que tengas, por más universidades a las que atiendas– en que estarás solo, y no hay que tener miedo de tomar las decisiones, porque la mejor decisión es la que tomas, las otras no las tomas nunca.
¿Trata también de que los jóvenes se pongan en su piel, de que se vean a si mismos tirados en medio de los Andes?
Trato de ponerles siempre en ese lugar, no se dan cuenta, pero yo les doy información para que puedan pensar de una manera diferente y puedan racionalizar de una manera que es imposible tener en la sociedad, porque están en la civilización y cómo hubieras reaccionado tú –y tú es cualquiera de las personas allí presentes– en una situación límite de esta magnitud, ¿Hubieras elevado tu personalidad descubriendo cosas que no sabías que había dentro de ti, hubieras sobrevivido, o hubieras colapsado como el peor de todos y te hubieras muerto en la muerte más lenta y horrible que te puedas imaginar? Y uno nunca sabe.
¿Cómo afectó ese desafortunado suceso a su vida y a su carrera? ¿Se propuso ilustrar a otra gente a raíz de su experiencia?
No, yo durante 25 años no hablé una sola palabra. Estaba muy ocupado viviendo mi vida, mi trabajo, mi familia, mis amigos, mi deporte… yo pertenecía a una organización de presidentes de empresas mundiales y un día me llamaron para una conferencia mundial de ejecutivos a la que no quise ir, pero como un amigo mío la organizaba en México fui y bueno, hablé una vez allí para ejecutivos de todo el mundo y a partir de ahí me empezaron a llamar de todos lados.
¿Siguió jugando al rugby cuando volvió a su país?
Sí, tres o cuatro años más. Después empecé a trabajar en mi empresa familiar y a crear otro tipo de empresas, de producción de televisión. Yo quería producir cine, pero en Uruguay era muy difícil, entonces empecé a producir programas de TV que eran lo más parecido y… ahí siguió mi vida, haciendo cosas.
¿No se levanta sobresaltado en medio de la noche con pesadillas de aquella escalofriante vivencia?
Nunca, nunca. No sé por qué, nunca tuve una pesadilla. Se ve, no soy psicólogo ni nada, pero se ve que dije “Bueno. Basta con esto, miremos para adelante, esto ya fue”… nunca he soñado con eso.
¿Y qué sintió al ver la película?
Para mí la película es genial, imagínate, yo la vi en un cine, sentado, con la música, así que en ese sentido no hay un mal feeling, ¡y el actor también bárbaro, Ethan Hawke! estuvimos cinco meses juntos...