Autor: menos20.com
Se bordean montañas y zonas rocosas; se atraviesan grandes ciudades, dunas y el desierto. Incluso se puede hacer el viaje al borde del océano Atlántico. Sin embargo eso pasa desapercibido cuando conoces a los niños de una escuela en Senegal o descubres las costumbres de las etnias de Mauritania. Ana Rodríguez es una chica de Villaviciosa de Odón. Desde pequeña le había llamado la atención la gente que dedicaba su tiempo libre a viajar por el mundo ayudando a otros. Siempre había deseado hacer algo parecido y este año, en su colegio, el Casvi, apareció la ocasión. "Este viaje ha sido la oportunidad para concienciarnos y ver lo que sucede en el mundo, aunque espero tener algún verano para ayudar de verdad", dice Ana.
Marruecos
La diferencia cultural era evidente. Lo fue durante todo el viaje. Ya en Marruecos les explicaron como la mujeres cuidan de los hijos y cultivan el campo mientras los hombres conversan a la puerta de casa. Sin embargo, en su parada en Tánger, tuvieron el primer contacto con la gente. Visitaron un barrio pobre. "Nos enseñaron todo y fueron muy amables", describe Ana, "incluso nos contaron que de mayores querían ser mecánicos o médicos". A pesar de la distancia, de las diferencias culturales o de la pobreza, se desean la mismas cosas. "Cuando les decíamos que éramos de España nos preguntaban: Real Madrid o Barcelona". A pesar de la barrera del idioma, Ana conseguía entenderse con los niños a través de signos o del fútbol, si era necesario. Aunque tenían traductores, no podían atender todas las conversaciones, así que tenía que funcionar la imaginación. "Si te quieres enterar con alguien, puedes", asegura.
Mauritania
En el camino por el desierto, por el Sahara Occidental, atravesaron Marruecos dejando atrás Marrakech, Sidi-Ifni y Tarfaya hasta llegar a Dakhla, una ciudad que aprovecha el poco espacio que deja libre la arena del desierto. Cuanto más se alejan del norte de África, más cambian las cosas. "En Marruecos nos metimos en la cultura árabe, pero en Mauritania y luego en Senegal las cosas eran distintas, más parecidas al África que conocemos", reconoce Ana. En un país de tradición nómada como Mauritania, en pleno continente africano, es difícil crear una cultura común. Es más, está formado por muchas etnias con costumbres distintas entre sí, pero sobre todo muy lejanas de la experiencia de los chicos de Madrid rumbo al sur. "En una etnia", nos cuenta Ana, "una persona no puede estar con su pareja si está presente una persona mayor de la familia; en otra completamente distinta, no pueden estar juntas tres generaciones".
Fin en Senegal
La última escala antes de tomar un avión con destino Madrid la hicieron en Dakar. Durante todo el viaje la gente ha sido muy amable con ellos, atentos hasta la extenuación. Senegal no iba a ser distinto. "En la capital, estuvimos en un colegio y creo que nadie salió de él sin una o dos trenzas”, dice Ana.