Autor: Amaia Arrarás
¿Qué fue lo mejor y lo peor que recuerda de sus años en la universidad?
Lo que peor recuerdo es la asignatura de Derecho Mercantil, que fue la única que suspendí. Lo mejor fueron los profesores que tuve, muchos de ellos catedráticos y personalidades como Gregorio Peces Barba, Ruiz Jiménez o Demetrio Castro.
¿La carrera de Derecho es, como se dice, una titulación para memorizar?
Ese es un mito rigurosamente falso. Yo tenía un profesor que siempre nos decía para qué íbamos a estudiarnos el Código Civil de memoria si lo puedes llevar en el bolsillo, lo importante es que lo sepas manejar.
¿Le costó encontrar su primer empleo?
En realidad mi primer trabajo no tenía que ver con la abogacía, simplemente pedían licenciados para un proyecto en América del Sur. Cuando regresé a España dos años después me ofrecieron entrar en un despacho muy importante, el de Jacobo Echevarria.
¿La abogacía es una de esas profesiones en la que es importante tener buenos padrinos?
Todo lo contrario. Si tu vales para ello y eres bueno en tu trabajo seguro que destacas. Mi experiencia ha sido esa, porque dos años después de estar trabajando en ese despacho monté uno propio con un compañero. El éxito sólo llega cuando crees en lo que haces.
Uno de sus grandes logros profesionales fue el juicio que consiguió amplios derechos para el pueblo saharaui. ¿Cómo se decidió a entrar en un tema tan complejo?
Empecé con el tema porque tengo una relación personal con algunas personas de ahí, visité algunos campamentos de refugiados, me enteré de la situación que ellos vivían y me sensibilicé con ese tema. Cuando regresé a España empecé a estudiar por mi cuenta para analizar la relación jurídica con España y averigüé que había unos fallos en la legislación gordísimos. Tenía varias personas dispuestas a iniciar los procesos y así se puso en marcha. Demandé al Estado Español por racismo, y aunque lo perdí en primera instancia, después el Tribunal Supremo me dio la razón.
¿Cuáles cree que son los fallos más flagrantes de la Justicia española?
La falta de medios, la preparación de los jueces y, en consecuencia de esto, la lentitud.
¿La causa de esa lentitud reside en que muchos ciudadanos recurren a la Justicia con tema menores?
No es por eso, yo creo que la mayoría de los cosas que se llevan al juzgado no tienen otro sitio, porque al fin y al cabo los juzgados intervienen cuando dos personas o instituciones no se entienden. Todos los asuntos son importantes. Hace unos días he ganado un asunto del corazón a Álvarez Cascos. Él demandó a una serie de periodistas por vulnerar su derecho al honor al hablar de su vida privada y les pedía un millón de euros que no ha logrado.