M20 189    18 de mayo de 2012
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Última actualización 11/05/2011@09:43:26 GMT+1

Un equipo hispano-mexicano de científicos ha demostrado, por primera vez,  que los animales salvajes pueden envejecer. Hasta ahora se pensaba que la vejez solo se encontraba en humanos y animales domésticos, porque vivimos más tiempo del que nos tocaría vivir.

El equipo científico, encabezado por Alberto Velando, investigador en el departamento de Ecología y Biología Animal de la Universidad de Vigo, ha estudiado una población  de piqueros de patas azules (Sula nebouxii), que contaba con una base de datos de más de 30 años. Estas aves de larga vida habitan las costas del Pacífico entre México, las Islas Galápagos y Perú, y en ellas se ha podido estudiar un patrón de envejecimiento que, hasta ahora, no se había documentado en ninguna especie salvaje. La idea de que los animales salvajes mueren por los depredadores o por los parásitos antes de mostrar envejecimiento en la naturaleza ha cambiado en los últimos años. Los resultados de esta investigación demuestran por primera vez que la línea germinal –la línea del ADN que da continuidad a la vida entre generaciones– no está libre de daños. “El ADN del esperma de individuos viejos de estas aves tiene daños. Por tanto, sus hijos pueden tener más probabilidades de enfermedades congénitas”, asegura Velando.
Ya se había comprobado que los hijos de hombres de más de 50 o 60 años tienen más probabilidades de tener enfermedades genéticas, pero se pensaba que en la naturaleza esto no tenía importancia, y esto se debía a un defecto de nuestra civilización, por vivir más allá de lo que por naturaleza nos correspondería. “Resulta que en la naturaleza también ocurre”, certifica Velando.
Estudiando la población de aves, los científicos descubrieron que el color de las patas sufre envejecimiento y refleja el daño oxidativo en el esperma. Según Velando, las hembras eligen a los machos a través del color, sienten menor atracción por los más viejos con patas de colores más tenues, y evitan así castigar a sus hijos con mutaciones.

 

El equipo científico, encabezado por Alberto Velando, investigador en el departamento de Ecología y Biología Animal de la Universidad de Vigo, ha estudiado una población  de piqueros de patas azules (Sula nebouxii), que contaba con una base de datos de más de 30 años. Estas aves de larga vida habitan las costas del Pacífico entre México, las Islas Galápagos y Perú, y en ellas se ha podido estudiar un patrón de envejecimiento que, hasta ahora, no se había documentado en ninguna especie salvaje. La idea de que los animales salvajes mueren por los depredadores o por los parásitos antes de mostrar envejecimiento en la naturaleza ha cambiado en los últimos años. Los resultados de esta investigación demuestran por primera vez que la línea germinal –la línea del ADN que da continuidad a la vida entre generaciones– no está libre de daños. “El ADN del esperma de individuos viejos de estas aves tiene daños. Por tanto, sus hijos pueden tener más probabilidades de enfermedades congénitas”, asegura Velando.

Ya se había comprobado que los hijos de hombres de más de 50 o 60 años tienen más probabilidades de tener enfermedades genéticas, pero se pensaba que en la naturaleza esto no tenía importancia, y esto se debía a un defecto de nuestra civilización, por vivir más allá de lo que por naturaleza nos correspondería. “Resulta que en la naturaleza también ocurre”, certifica Velando.

Estudiando la población de aves, los científicos descubrieron que el color de las patas sufre envejecimiento y refleja el daño oxidativo en el esperma. Según Velando, las hembras eligen a los machos a través del color, sienten menor atracción por los más viejos con patas de colores más tenues, y evitan así castigar a sus hijos con mutaciones.

 

Fuente: SINC

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