Hemeroteca :: 08/07/2010
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CARRERAS

Arquitectura

Por Shenai Martinez
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shenaimenos25com/6/6/14
Última actualización 22/12/2010@18:20:32 GMT+1

Emilio Tuñón Álvarez y Luis Moreno Mansilla fundaron la oficina Mansilla+Tuñón Arquitectos en 1992 y obtuvieron el Premio Nacional de Arquitectura de España en 2003. El pasado mes de septiembre participaron en un simposio en la Expo de Shanghái donde se llevaron a cabo talleres en los que grupos de estudiantes tuvieron la oportunidad de trabajar codo a codo con ellos y con otros arquitectos de renombre.

¿Qué os impulsó a estudiar arquitectura?
Tomando prestada la cita a Demócrito con la que Jacques Monod iniciaba su famoso ensayo El azar y la necesidad, nosotros pensamos que “todo lo que existe en el universo es fruto del azar y la necesidad”...
Por razones absolutamente azarosas los dos, sin conocernos en aquel momento, barajamos la posibilidad de estudiar para ser Ingenieros Navales, uno siguiendo el rastro de su padre, y el otro el de su hermano... Al final tanto uno como otro, por razones familiares, decidimos iniciar los estudios de arquitectura, no sin ciertas dudas sobre el posible acierto, o equivocación, que esta decisión podía conllevar.

¿Cuál es vuestro mejor recuerdo de vuestros años como universitarios?
La universidad sólo nos trae buenos recuerdos... En aquel momento los estudios de arquitectura eran una equilibrada mezcla entre teoría y práctica, que abarcando campos técnicos y artísticos catalizaron en nosotros una muy optimista forma de entender el mundo y la vida... En ese entorno de estudio, los objetos y las ideas, los profesores y los compañeros, el trabajo y la diversión construían una increíble atmósfera creativa.

¿Y el peor?
Todo el mundo sabe que el paso del tiempo suele idealizar las experiencias, y ello tal vez sea la razón por la que no recordamos ningún momento negativo en nuestra experiencia como estudiantes.

En vuestros comienzos, trabajasteis juntos en un estudio, ¿os conocisteis ahí o ya os conocíais de antes?
En los últimos años de carrera compartíamos amigos comunes, pero fue en la oficina de Rafael Moneo donde aprendimos una forma de trabajar, una forma de conocer el mundo, que nos permitió iniciar una “conversación ininterrumpida” sobre la arquitectura y la vida.

¿Qué os impulsó a crear un proyecto en común?
Siempre insistimos en que nuestro método de trabajo, como arquitectos, profesores y críticos, responde a un modelo conversacional. En aquel momento no éramos conscientes en absoluto de que estábamos iniciando un “proyecto en común”, simplemente tratábamos de hacer nuestra arquitectura sacando fuerza de la posibilidad de establecer una conversación con el mundo a partir de un lenguaje común.

¿Cuál es el trabajo del que os sentís más orgullosos?
¡El próximo!

¿Qué es lo mejor de ser arquitecto?
La sensación de que estás realizando una especie de servicio público para la sociedad, la responsabilidad de poder ayudar en la construcción de espacios y atmósferas que permitan el desarrollo de las actividades de los seres humanos, y el placer de sentirte parte activa de un viaje de ida y vuelta entre ideas y cosas, de una oscilación permanente entre lo material y lo intangible.

¿Es muy difícil conseguir que tus proyectos arquitectónicos se conviertan en algo tangible?

A veces ni siquiera sabemos como esto es posible...

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