Hemeroteca :: 29/10/2009
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SENSACIONES

Entrevista completa exclusiva en la web

Por Miguel Ayuso Rejas
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mayusomenos25com/6/6/14
Última actualización 19/11/2009@13:55:33 GMT+1

Tras siete años sin estrenar ninguna película de ficción Fernando Trueba vuelve con El Baile de la Victoria, que representa este año a España en los Oscar. La película, una adaptación de la novela homónima de Antonio Skármeta, desarrolla un extraño trío entre Ricardo Darín, el joven Abel Ayala y la debutante Miranda Bodenhöfer. Parece que el director está contento con su nuevo trabajo.

Después de siete sin rodar una largometraje de ficción ¿por qué ha decidido rodar esta película?
Las cosas se me complicaron un poco. La última que hice fue el Milagro de Candeal. Me puse después a escribir el guión de un thriller, que era el remake de una película americana. Después de eso escribí el guión de Chico y Rita y empezamos a trabajar en ella. Es una película de animación que voy a hacer con Mariscal. Las películas de animación son larguísimas. Llevábamos como cinco años y no va a estar acabada hasta marzo abril del año que viene, si todo va bien. Toco madera. Chico y Rita me ha requerido mucho trabajo a lo largo de estos años. A la vez he escrito otro par de guiones más. Otro thriller y un guión con Jean Cleud Carrier, que va a ser mi próxima película. Al final de toda esta serie de guiones acabé escribiendo el guión del Baile de la Victoria, que sorprendentemente es la primera que se ha rodado. A veces no eliges el orden de las cosas.

¿Se esperaba la selección de esta película para representar a España en los Oscars?

No. No estabamos nada seguros de que pudiera ocurrir. Como no se había estrenado la película es más complicado. Tienes que hacer proyecciones para que la puedan ver los académicos y siempre piensas que no va a haber gente suficiente. Pero bueno, funcionó. La película ha gustado y la eligieron. No es una cosa que una prevea.

En la película se da una mezcla constante de géneros. ¿No cree que esta mezcla de géneros puede despistar al espectador?

Más que mezcla de géneros para mi es una película que lleva dentro todos los colores y matices distintos. Yo trabajo con una historia abierta en la que te puedes permitir toda una serie de libertades maravillosas. No creo que eso despiste al espectador. Creo que es al contrario. Cada relato establece sus reglas. En las primeras escenas tu le cuentas al espectador de una manera subliminal las cosas que son posibles en esa película y es una especie de acuerdo tácito que se crea entre el que cuenta el cuento y el que lo escucha.

Dos de los tres actores protagonistas son prácticamente desconocidos. ¿Por qué le has dado tanto peso a unos actores tan primerizos?
Hombre. Estos dos personajes en el guión eran una chica de 17 y un chico de 19. No puedes coger a actores hechos y derechos. Tienes que apostar o por actores y jóvenes, como en el caso de Abel, o por una desconocida, como en el caso de Miranda.

¿Estás contento con el resultado?

Mucho. Abel ha sido un milagro, bueno, los dos. El personaje de Abel es central en la historia, el que une a todo lo demás. Era muy difícil encontrar un actor que pudiera hacer eso. Creo que Abel le da todos los registros, todos los matices. El lado “angélico” que tiene su personaje, pero también el lado realista, con un punto de humor y un punto muy trágico. Es a la vez real e irreal. Es alguien del mundo y a la vez que no es de este mundo. Todo esto era muy difícil. Encontrar a Abel ha sido una suerte para la película, para mi y espero que para él también.

La novela es una adaptación de una novela de Antonio Skarmeta, con el que has trabajado a la hora de hacer la película. ¿Hasta que punto ha influido el escritor en el desarrollo de la cinta?
Skarmeta es muy respetuoso. ¿Cómo no te va a influir? El ha parido la historia inicialmente. Yo creo que cuando adaptas una novela el libro es como una pista de aviación de la cual tu tienes que correr y despegar yendo hacia otro lado. No te puedes quedar en lo mismo que estaba en la novela. La película tiene que dar algo diferente.

El personaje de Victoria no habla en toda la película. ¿Cómo se trabaja con un actor que sólo puede expresarse corporalmente?
Por eso era muy importante para mi decidir desde el principio que fuera una bailarina quien interpretara a Victoria. Una bailarina se mueve distinto que alguien que no lo es. No quería hacer una película en la que cuando el personaje empieza a bailar cortas a los pies de una bailarina que viene a doblarla. Quería creerme a quien hiciera de Victoria y Miranda ha sido estupenda. Se preparó mucho. Fue a clases de interpretación y ensayó muchas cosas. Yo además le hacía ver muchas películas en las que los personajes fueran mudos y cosas así. Películas muy diferentes entre si. Donde la solución que cada actor daba a ese problema fuera muy diferente, para que no fuera sólo en una dirección. Quería llenarle la cabeza de información y de cosas. Luego ensayábamos con Abel y con Ricardo. Ella, aunque nunca había interpretado y yo no lo sabía cuando la elegí, su madre y su hermana son actrices. Su padre es compositor. Es una chica de un ambiente artístico. Su abuela era una de las compositores más importantes de música serial en Alemania.

Chile, como conjunto, tiene una importancia especial en la película. El entorno es muy importante. ¿Se podría haber rodado la película en otro lugar?
Creo que el único sitio al que se podría haber cambiado, y la historia habría funcionado más o menos igual, es Argentina. Pero pensé que Argentina la vemos mucho más a menudo en las películas. Además esta novela es muy chilena y aunque no es lo más importante me di cuenta que Santiago está menos visto cinematográficamente y no me quería perder el Santiago viejo y la cordillera. Había una serie de elementos en Santiago que enriquecían la película. Podría haberla llevado a Buenos Aires, lugar donde tengo unas ganas de rodar increíbles, con lo cual la tentación era grande, pero me mantuve en mis trece. Curiosamente uno de esos guiones que tengo escrito, remake de una película americana de los 40, They want believe me, está situado en Buenos Aires en la época de Perón, en los 50.



Este último año el cine español ha recibido multitud de críticas. No se si es por la ley del cine, porque las películas eran malas o por que no se ven lo suficiente. ¿Comparte esta crítica?
No creo que el cine español sea peor que la prensa española o la política española. Los últimos meses hay unas cuantas películas que están funcionando, que están gustando y que además están bastante bien. De todas formas una cosa a la que me niego cada vez más es a hablar en términos nacionales. A mi nadie me pregunta por la música o la literatura española. Cuando voy a leer un libro me puedo leer un libro de un cubano, un español, un americano o un italiano. Esos son tus libros, no les pides el pasaporte. Son como los amigos. Me da igual que sean de Nueva York, de Brasil o de Madrid. Me jode que siempre que se habla de cine haya que estar haciéndolo en términos nacionalistas. ¿Qué es el cine español? Lo que hay aquí son películas. Si quieres hablamos de películas. Algunas son españolas, otras iraníes y otras de Mali.

¿Y las críticas que recibe el cine español por su excesiva financiación?

Eso es otra cosa. A mi no me apetece hablar de leyes, ni de dinero. Es una de las cosas que más me molestan últimamente. Cuando yo era joven y me aficione al cine iba a la filmoteca y me encontraba con tíos de mi edad con los que veía 3 o 4 películas al día. Hablábamos todo el rato de cine. Ahora la gente sólo habla del dinero, de la promoción, del presupuesto, de cuanto ha hecho la película el primer fin de semana. Me da igual lo que haya hecho una película el primer fin de semana. Lo que me importa es si la película es buena o no. Si me ha entretenido, si me ha gustado. Esos son los términos en los que me gusta hablar de cine. Intento resistirme como gato panza arriba a entrar en una manera de hablar de las cosas que a mi no me gusta. Es como si al hablar de tus amigos tu dijeras: “este tiene 40 años, mide 1,50, gana al mes tanto dinero, sus padres eran de clase media…” No. Joder. Háblame de que es un tipo cojonudo, con el que te lo pasas bien, que te hace reir.

¿Con qué se lo pasa bien en el cine?

Con muchas cosas. Yo he de confesar que en el cine me lo paso bien aún viendo una película que no me gusta. El propio hecho de ir al cine para mi es muy entretenido, es muy divertido. Salvo que una película te ofenda, o te indigne moralmente porque te pareciera yo que se, una cosa asquerosa o fascista… Si no, yo disfruto hasta viendo una mala. ¿No disfrutas viendo una de Ed Wood? Glen or Glenda no es buena, es una de las cosas peores que se han hecho en la historia de la humanidad. Si estás solo te puedes colgar de un árbol viéndola, pero si estás con un grupo de amiguetes majos te lo puedes pasar muy bien viendo esa película. Yo creo que el cine es una cosa cojonuda. Es una fuente de disfrute. Tengo un amigo que colecciona películas malas. Tiene una colección impresionante. Si le descubres una mala que el no conozca y le llevas un dvd se vuelve loco. Es el mejor regalo que le puedes hacer, mucho mejor que si le llevas un clásico del cine, una película maravillosa, eso a él le parece banal. Tiene una colección de aberraciones maravillosa. Es una actitud lúdica. Hay gente que disfruta de la vida.

Al hilo de lo que nos cuenta pienso que ve una perdida de pasión por el cine.

Si. Creo que se pierde la pasión por muchas cosas. Yo no hago películas por hacer películas, ni hago esto porque quiera ser director de cine. Si no tengo una historia por la que tenga la pasión de contarla, no la hago. Me quedo en mi casa. ¿Sabes la de música, películas y libros que tengo? Y lo feliz que soy cenando con mis amigos. Para hacer una película me tiene que mover una gran pasión. Yo nunca he dicho “este año tengo que hacer una película”. El día que no tenga la siguiente película no la haré. No hay porque hacer películas inútiles. Tiene que haber razones de peso para hacerlas.

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