¿Por qué decidió estudiar Psicología?
Estudié Psicología porque soy hijo único y para que no fuera muy tonto mis padres me mandaron a campamentos. Llegue a ser jefe de campamento. Me di cuenta de que no había deficientes mentales y los llevé. Funcionó muy bien y a partir de ahí decidí meterme en el mundo de la Educación Especial. Estudié Psicología en la Autónoma. Tuve el honor de recibir el año pasado el premio de Antiguos Alumnos. Luego hice las oposiciones del Ministerio de Justicia. Soy muy psicólogo. Doy clases de ética y deontología en quinto de Psicología, soy psicólogo forense de la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia y doy clases de Psicología en Enfermería. Me parece apasionante.
¿Qué es lo más bonito de ser psicólogo?
Ayudas mucho. Ves que sirve para modificar la sociedad, para ayudar a las personas, para cambiar las estructuras, para legislar algo mejor. Me parece una profesión preciosa.
Hay una opinión extendida de que “todos necesitamos psicólogos”. ¿Es esto cierto?
Yo creo que no. La mayoría de la gente lo que necesita es tranquilidad, equilibrio, armonía, una buena tertulia con los amigos, un saber estar solo y poder pasear, alguien que le quiera y una razón para vivir. No creo que seamos imprescindibles para nada. Puede haber un momento en el que se nos necesite, igual que uno necesita un fisioterapeuta si tiene un esguince. Puede haber casos de depresión mayor, pensamientos inusitados extraños, donde sí se requiere; y casos extremos en los que se requiere psicofármacos, pero no más. No creo que haya que psicologizar la sociedad. Está bien que haya algún psicólogo en los medios de comunicación, pero sería un riesgo que invadamos la sociedad. Nosotros podemos hacer cosas por la sociedad, y en ese sentido la psicología si es una ciencia claramente sanitaria. Venimos de la Filosofía pero estamos muy engarzados con el ámbito sanitario.
¿Qué cualidades debe tener un buen psicólogo?
Debe intentar conocerse a si mismo, ser una persona optimista y esperanzada para no hundirse en los naufragios de los demás, saber mantener una distancia óptima, relativizar los problemas, tener serenidad personal, saber escuchar y ser humilde y sencillo. Los que somos como yo, psicólogos forenses, que cuando vamos a un juicio nos examinan, tenemos que saber que no estámos en posesión de la verdad. Hay que ir aprendiendo y estudiar todo los días bastantes horas, hay que leer mucho, escuchar a otros profesionales… A mi me gusta mucho tener gente joven de prácticas, para que me digan “yo no lo habría hecho así”. Les escucho porque esto es como conducir, acabas cogiendo vicios.
¿Hacía donde está avanzando la Psicología?
Está avanzando desde la tecnología: la neurocirugía, la neuropsicología, en general el conocimiento del cerebro. Ese es un mundo apasionante que va a requerir unas barreras éticas y deontológicas muy importantes. El conocimiento del cerebro es distinta a esa idea de la mente o el alma. Sabemos que si incidimos en distintas partes del cerebro el ser humano se comporta de una u otra forma. Ahora, el ser humano es más que el cerebro, más que la cabeza a los pies. El ser humano es algo más: el neuma, la psicohistoria que tiene uno, la relación con el entorno… Ese alma que decían antes. Eso es inaprensible, y la ciencia va a tener dificultades en estudiarlo. El ser humano se caracteriza por saber que va a morir. Esto es esencial en el hombre, lo sabe casi desde que nace. Eso le genera una angustia, y una atención al tiempo fundamental. El ser humano es capaz de trascender, es simbólico, tiene lenguaje, mira a las estrellas y se pregunta si habrá algo más, o si esto es real, si él es realmente él. El ser humano habla consigo mismo, desde la cordura, desde el equilibrio. El lenguaje y la sonrisa son esenciales en el ser humano.
Últimamente existe una opinión generalizada de que los jóvenes son cada vez más maleducados y no respetan la autoridad. ¿Comparte esta idea?
Creo que la juventud siempre es maja, es sana, es ilusionante y es un reto. Tenemos una juventud en su conjunto muy preparada, que mira al mundo sin distancias y entiende la globalización de verdad. Ahora sí, es una juventud muy pragmática. No tiene garantías de tener un buen sueldo, no tiene garantías de tener piso, no tiene garantías en general. Vive el hoy, el carpe diem, y eso nos da una juventud con determinadas características. Dentro de esos hay un subgrupo, pequeñito pero preocupante, de hedonistas, nihilistas, acultos, cuyo principio de la vida es primero yo y luego yo. Esos nos van a hacer sufrir. Son unos seres a los que les ha faltado en su educación una habilidad esencial, que es ponerse en el lugar de otro.