Hoy en día muy pocas personas adoptan una postura escéptica hacia el problema del cambio climático. Es una situación real que empieza a causar estragos en algunas zonas geográficas del Sur del planeta. Estamos ante un problema medioambiental de ámbito global que ha sido ocasionado por la actividad humana. Numerosas organizaciones ecologistas llevan tiempo denunciando el Cambio Climático y la inminente aparición de sus efectos. Su labor está surtiendo efecto a nivel social. La gente empieza a estar concienciada con este tema, pero esto no es suficiente. Se precisa una importante implicación por parte de los gobiernos de los Estados de primer orden. En noviembre, con la Cumbre de Copenhague, aparece una oportunidad inmejorable para que se adopten medidas drásticas al respecto. Los países más pobres necesitan la ayuda de las grandes potencias para poder hacer frente a esta difícil situación. Si éstas prestaciones no se producen el índice de pobreza aumentará considerablemente, superando en poco tiempo la cifra de 1.020 millones de personas que se encuentran en una situación de pobreza extrema reflejada por Naciones Unidas.
Una de las Organizaciones No Gubernamentales que se han sumado a esta iniciativa ha sido Manos Unidas. Con la creación de la campaña Desarrollo y Justicia Climática pretenden influir en las negociaciones que se están produciendo para la Cumbre de Copenhague. Junto con las corporaciones que componen Alianza Internacional de Organizaciones Católicas para el Desarrollo (CIDSE ) presentan unos puntos básicos que pretenden que se incluyan en los acuerdos de Copenhague: reconocer el derecho a un desarrollo sostenible de los pueblos de los países en desarrollo; garantizar los apoyos suficientes para que estos países consigan adaptarse con éxito a los impactos del Cambio Climático; ofrecer también recursos y mejoras tecnológicas; conseguir una disminución de entre el 30% y el 40% en la emisión de gases efecto invernadero para el año 2020, en relación con los niveles de 1990.
Es obvio que los países subdesarrollados son los más perjudicados por esta crisis ecológica. Éstos se muestran muy vulnerables ante las incidencias originadas por el calentamiento global como por ejemplo las inundaciones, los ciclones o la sequía. Todo esto perjudicará la producción alimenticia y agrícola. En concreto se verán afectadas las cuatro dimensiones de la seguridad alimentaria: la disponibilidad, la accesibilidad, la utilización y la estabilidad. Como consecuencia se producirá un retroceso en las posibilidades de los habitantes de estas regiones para salir de la situación de hambre y pobreza que sufren.
Desde Manos Unidas se aboga por la puesta en marcha de medidas que sirvan para solventar estos problemas, se insta a las grandes potencias a que se pongan manos a la obra para ayudar a estos países. Se trata de un problema global, cuyos efectos se van incrementando con el paso del tiempo. El principal culpable de esta situación es el primer mundo, por lo que la ayuda que necesitan los países más pobres no atiende a un ejercicio de solidaridad, sino que hace justicia con las regiones que sin haber provocado el Cambio Climático son las que están sufriendo en mayor medida sus efectos. Se podría calificar incluso como una indemnización por daños y perjuicios. Las esperanzas de mucha gente están puestas en Copenhague donde puede y debe cambiar la historia.