Hemeroteca :: 29/10/2009
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SENSACIONES

Música

Por Miguel Ayuso Rejas
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mayusomenos25com/6/6/14
Última actualización 15/10/2009@18:32:22 GMT+1

El pasado Puente del Pilar el Puerto de Santa María (Cádiz) se convirtió en el epicentro de la música independiente española. Nacía un nuevo festival, el Monky Week, con más de 80 conciertos. Como toda propuesta novel, el festival nacía con ilusión por parte de la organización y expectación por parte del público. El resultado: prometedor.

Durante cuatro días la música tomó por completo el Puerto de Santa María, y los veraneantes de estas fechas se juntaron con rockeros variopintos venidos de todo el sur de España (y algún otro valiente que se comió ocho horas de coche). El festival consiguió reunir un cartel variado, de una calidad notable, que mezclaba artistas nacionales e internacionales, sin caer en la trampa de las viejas glorias venidas a menos. Viejos hubo, pero con mucha clase. El viernes tocaron Silver Apples, a los que desgraciadamente no llegamos a ver (nos dijeron que estuvo de jujo), y Wire. Estos últimos, a los que también vimos en Madrid, volvieron a demostrar que son la banda de punk del 77 que mejor se conserva. Su secreto: evolucionar. Wire han venido cambiando siempre su sonido, tocando repertorios en los que apenas exploran su material antiguo y presentando discos que suenan actuales, no a revival caduco del pasado. Cierto es que el sonido no les acompañó en su cita del Puerto, pero aún así sacaron toda la rabia y clase que tienen dentro. Actuó después el anfitrión de la noche, Paco Loco con su trío que no tiene nada de trío. Lo cierto es que no me esperaba nada bueno de este hombre, pero de puro mongólico el concierto fue muy divertido. Con dos baterías, dos bajos y un teclado sobre el escenario, además de las bailarinas, Paco Loco fue desgranando sus canciones a medio camino entre el indie de los 90 y el punk más actual. Hay quien dice que es el Steve Albini patrio, yo a tanto no llegaría. La primera noche del festival acabó prematuramente con la actuación del combo madrileño de surf Los Coronas, que tocaron, y muy bien, justamente antes de que la policía desalojará el Monasterio de la victoria. Esto sorprendió a propios a extraños, pues se trataba de un festival que contaba con el patrocinio del Ayuntamiento. Al parecer, según fuentes de la producción, hubo un problema con las licencias y los conciertos, que estaban planeados hasta las seis, tuvieron que acabar el resto de los días a las tres.

El sábado nos levantamos para comer y ver los conciertos gratuitos que se celebraban por todo el casco histórico del Puerto de Santa María. Llegamos tarde –mal pro nuestra parte– a la actuación de Guadalupe Plata y nos fuimos a dar una vuelta por el resto de escenarios. Destacaría la actuación de The Lion Costellation, grupo con miembros de Tokio Sex Destruction en sus filas, que hace una revisión de la música de los 90 (a mi me recordaron mucho a Dinosaur Jr) bastante interesante. Tras el obligado paso por boxes (en este caso una freiduría de pescado) nos desplazamos al escenario del Puerto Sherry, al lado del mar, donde tuvieron lugar los conciertos del sábado. Llegamos a tiempo para ver a los artistas de folk Howe Gelb y Josh Rouse. El primero dio un concierto aburrido, con un toque de arrogancia y un par suelto de buenas canciones, que pasó sin pena ni gloria. El segundo presentó un buen puñado de canciones nuevas, explotando su faceta intimista, sin ofrecernos nada apetecible para una noche de sábado (y más teniendo en cuenta lo que venía a continuación). Kitty, Daisy & Lewis fueron de calle los triunfadores del festival. Con un concierto muy parecido al que dieron en el pasado Primavera Sound los tres hermanos ingleses volvieron a demostrar que son el mejor grupo de rockabilly, y aledaños, de la actualidad. Su música suena sorprendentemente retro a la par que actual (impagable el momento beatboxing). Con sólo un disco (el mejor de 2007 según el rotativo inglés The Guardian) estos chavales son capaces de poner a bailar a todo el que se ponga en su camino. Para terminar la noche salió a la palestra Heavy Trash, el grupo del bueno de John Spencer, que lo tenía muy difícil. Salir después de Kitty, Daisy & Lewis, haciendo además el mismo estilo, es prácticamente un suicidio. Aunque Spencer hizo lo que pudo, apenas se le oía la voz por unos problemas de sonido (según fuentes de la organización todo por culpa de su propio técnico) y acabó haciendo un concierto muy regulero para lo que estamos acostumbrados.

El domingo, ya con las fuerzas bajo mínimos, pudimos disfrutar durante el día de lo que para mi fue la gran sorpresa de los showcases del festival, la actuación de los sevillanos Pony Bravo. He de reconocer que no me sonaban de nada. Su mezcla fronteriza entre Joy División, Corcovado y Calexico sonó potente y conmovedora. Otro grupo de Sevilla para apuntar a mi lista junto a sus paisanos Orthodox. Estuve después en la actuación de las barcelonesas Tu Madre. Tenía su primer disco y me parecía interesante. En directo tenían momentos muy buenos y otros no tanto, aunque su actitud general entre borde y arrogante, algo que en ocasiones me encanta, no me hizo ninguna gracia.

Otra vez parada técnica (carne con tomate en el –maravilloso– kiosko de la estación) y vuelta al Monasterio de la Victoria para disfrutar de la última noche del festival. En primer lugar actuaron los malagueños The Hollers, una sorprendente banda de blues/punk, con una calidad técnica bestial y muy buenas canciones. Siguieron los Granadians del Espacio Exterior, abanderados del reggae de la ciudad que les da el nombre, con un concierto espectacular. Por casualidades de la vida era la primera vez que les veía, y eso que tengo sus discos, y no pude parar de bailar todo el concierto. Su reggae con toques soul y letras en español no tiene nada que ver con todo lo que han venido haciendo los hippies y rastafaris hasta nuestros días. Nunca me ha gustado el reggae, pero si los Granadians. Después del reggae el grupo hispano-argentino, con sede en Bilbao, Capsula, dió su particular lección de rock. Fue un concierto poderoso, con gran sonido y un poco de pose. Lo mejor las canciones que cantaba la chica, que recordaban mucho a los Sonic Youth más punk y menos experimentales. Al loro con su último disco, Rising Mountains, que está bastante bastante bien. Vinieron después los A-Bones (abuelones para los amigos), el último grupo talludito del Monkey Week. Su concierto fue una lección de garage de manual sin ningún tipo de gracia para el que esto escribe. Después de pasar por la terraza volvimos para ver a King Kahn & The Shrines, nuestro último concierto del festival (el lunes también había conciertos, pero Madrid está muy lejos). Este indio-canadiense, fan de James Brown, era hace unos años lo mejorcito que se podía ver sobre un escenario, pero hay que reconocer que el concierto del Monkey Week fue muy flojito. Hubo momentos mágicos (como la versión del Ghost Rider de Suicide) pero no se tocó ni una sola canción de su debut, Three Hairs And You're Mine, sin duda el mejor disco que tiene. Lo mismo debería dejar esta banda de lado y dedicarse a tocar con su amigo Mark Sultan, con el que le va mucho mejor.

El Monkey Week ha tenido en su primera edición algún problema de organización, pero se ha confirmado como un festival más que interesante. Los escenarios están en sitios incomparables y el Puerto de Santa María tiene un buen puñado de salas, a escasa distancia, perfectas para organizar showcases de día. Quizás se ha echado en falta, a simple vista, algo más de público, pero los que hemos estado nos lo hemos pasado como enanos. Nace un nuevo festival, y esperemos que dure.

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