Lleva mucho tiempo trabajando con menores. Últimamente existe una opinión generalizada de que los jóvenes son cada vez más mal educados y no respetan la autoridad. ¿Compartes esta idea?
Yo llevo trabajando con niños desde los 18 años y ahora tengo 52, así que algo de tiempo ha pasado. Tengo la idea de una sociedad que es cambiante. Creo que la juventud siempre es maja, sana, ilusionante y es un reto. Me parece que hay que dar una formación para el futuro. Tienen que saber reconstruir los mensajes mediáticos, tienen que complementar muchísimas informaciones, tienen que saber hacerse preguntas inteligentes. La formación no es lo mismo que la información. Los tan discutidos valores si están: la solidaridad, la amistad, lo bien hecho, lo humilde… Tenemos una juventud en su conjunto muy preparada, que mira al mundo sin distancias y entiende la globalización de verdad. No tiene dificultades con otras culturas, etnias o colores. Ahora sí, es una juventud muy pragmática. No tiene garantías de tener un buen sueldo, no tiene garantías de tener piso, no tiene garantías en general. Vive el hoy, el carpe diem, y eso nos da una juventud con determinadas características. Dentro de esos hay un subgrupo, pequeñito pero preocupante, de hedonistas, nihilistas, acultos; cuyo principio de la vida es primero yo y luego yo. Esos nos van a hacer sufrir. Son unos seres a los que les ha faltado en su educación una habilidad esencial, que es ponerse en el lugar de otro.
¿Es este subgrupo el que ha causado los disturbios de Pozuelo?
Yo creo que en los disturbios de Pozuelo ha habido de todo. Los que son violentos per se y aprovechan la situación, con una cierta nausea vital; el que lo hizo de forma grupal y borreguil, en plan “lo hacen todos y yo también”; el que se divirtió muchísimo y pensó “me voy a echar unas risas mañana, voy a ser un héroe y voy a quedar impune”; y el que lo hizo bajo los efectos del alcohol y la cocaína, que me consta que hubo. No se dio sensación de responsabilidad. Alguno de ellos piensa que la policía en el fondo está para aguantar lo que le echen. Espero y confío que la Fiscalía pueda demostrar, aunque no es fácil, quienes fueron algunos de los instigadores, y que esos tengan una sanción muy dura y los medios de comunicación lo trasmitan.
¿Qué lectura podemos hacer del hecho de que Pozuelo sea el municipio de Madrid con mayor renta per cápita?
A mi no me sorprende nada. Hace 32 años cuando empecé en la Fiscalía veíamos al Torete, al Pera y demás. Eran chicos de cristalización de clases, de ambientes periféricos y marginales. Hoy hay chicos con esa misma situación del norte de África, del este de Europa y también de España, pero tenemos jóvenes conflictivos de niveles medios, altos y muy altos. La agresión de hijos a padres se da en un porcentaje elevado en chicos de buen nivel económico-cultural. Son niños de papá, a veces muy sobreprotegidos, y ya hemos visto reacciones de los padres como auténticos abogados de los hijos. No me ha sorprendido. Los que llevamos en la fiscalía tanto tiempo vemos estos casos a diario.
¿Qué opinión le merecen medidas como la propuesta por Esperanza Aguirre de dar rango de “autoridad pública” a los profesores?
Me parece muy bien. Un profesor cuando da clase es una autoridad innegable. Cuando doy clases en la universidad soy la autoridad, por ello puedo aprobar, suspender, o expulsar a alumnos de la clase. Ahora, además de la potestas, que se otorga, hay que tener autoritas. Esta autoridad moral, de saber más, hace que los alumnos piensen: “este hombre es justo”. Esta autoridad tienen que extrapolarse por los poros. Hay que hacer que los niños sepan que tu tienes amor al aprendizaje Si eso se trasmite las cosas mejoran mucho, si no con la medida de dotarles de autoridad habremos dado un paso, pero se quedará pobre.
¿Puede que la falta de autoridad de los profesores derive de la propia falta de apreciación que de estos profesionales tiene la sociedad?
La sociedad no sólo no valora el trabajo del maestro, es que no valora al maestro. Hay un criterio social de que la gente estudia Magisterio porque no tiene nota para estudiar otra cosa. A nadie se le ocurre pensar eso de un ingeniero. Es verdad, no obstante, que Magisterio no está adaptado a los nuevos retos y que hay un gran porcentaje de maestros que no son vocacionales. Es muy difícil tener a los chicos concentrados tres o cuatro horas desde la palabra cuando están acostumbrados a otro tipo de interacción con otros medios. Eso hay que adecuarlo. Hay que enseñar a los chicos a trabajar de manera cooperativa y que vuelvan a enriquecerse en los matices del lenguaje.
Siguiendo con los profesores, pero pasando a la Universidad, hay una opinión generalizada entre los estudiantes de la universidad pública sobre la lacra de los “profesores parásitos”. Profesores que no se implican en las clases, que trasmiten contenidos caducos y que campan a sus anchas por la universidad española. ¿Hay alguna manera de acabar con esto?
No es fácil. Eliminar al vago es muy complicado, al final lo hace todo el compañero que más vale. Mi criterio en la Universidad es que hay que dar a los estudiantes, sobre todo el primer año, un bagaje en humanidades global, muy amplio, para que luego cojan sus directrices técnicas formativas. Hay que hacer grupos que sean trabajables en el aula. En un aula con 150 puedes dar una clase general y poner un examen, pero no tienes relación con los alumnos. Hacen falta Universidades muy bien dotadas, no se puede poner una Universidad en cada pueblo, que es lo que quieren ahora las Comunidades Autónomas. Haciendo esto no se puede tener un plantel de buenos profesores. No creo que el profesor deba ser una persona que se meta en la universidad y en su despacho, que se agoste y toda su vida sea la lucha de un departamento contra otro para conseguir más créditos. Yo exigiría a todo profesor que tenga una práctica real fuera. Hay que trabajar dentro y fuera de las aulas. Hay que evitar el criterio de: “¿esto va a caer en el examen?”. Lo importante es saber si eso interesa o no interesa. No se trata tanto de aprobar o no, aunque también es necesario. No todo el mundo tiene porque ser universitario.
¿Cree que el Espacio Europeo de Educación Superior va a ayudar a mejorar nuestra Universidad?
Si. Hacía falta remover algo, esto estaba absolutamente anquilosado. Creo que el criterio de Bolonia es bueno. Va a hacer que el alumno se prepare más. Llegar y soltar una parrafada a un alumno, dar una clase magistral, tiene sus momentos, pero que tu te hagas tu propio currículo y generes tus propios trabajos está bien. Hay que enseñar a los jóvenes a que no sea un corta y pega, que pasen muchas horas en las bibliotecas, que se esfuercen, que lean, que pregunten, que hagan trabajos de campo… Creo que es exigible la vocación. Los psicólogos estamos cambiando el código deontológico y yo estoy muy encabezonado en que metamos la palabra vocación. No lo voy a conseguir, todos los compañeros están en contra, pero voy a luchar hasta el último minuto. No se puede poner porque no se puede exigir a nadie que tenga vocación, es difícil de medir, pero se capta. Un profesor tiene que tener vocación. ¿Un conductor de autobús? Hombre, se nota si lo hace con gusto, pero a lo mejor no es tan necesario. En otras cosas sin duda si. Me parece que tenemos que hacer muchísima más investigación real, que sirva para la sociedad. Las publicaciones que salen de la universidad tienen que ser divulgativas, que lleguen a la ciudadanía, y no lo que hacen esos profesores que sólo quieren conseguir puntos, escribiendo artículos que no lee nadie, entre otras cosas porque no los entiende ni el que los escribe. Empezaría a cambiar esas cosas.