Malditos Bastardos no es lo que parece. Bajo la apariencia de una película bélica se esconde un nuevo homenaje de Tarantino al cine. Una cinta que, como casi todas las del director de Knoxville, se estructura en torno a una sucesión de escenas brillantes, que no necesitan justificación alguna.
Dice Tarantino que para hacer esta película se basó en un film italiano que en España se tituló Aquel maldito tren blindado y en el resto del mundo Inglorious Bastards. No sabemos si lo dijo para despistar, pero lo cierto es que la película italiana de serie b nada tiene que ver con lo nuevo de Tarantino. Malditos Bastardos es en su desarrollo una película clásica a más no poder, con buenos y malos muy definidos y un argumento muy simple pero efectivo.
Los bastardos son un comando de élite del ejercito americano, formado por judíos, cuyo único objetivo es sembrar el terror entre las filas alemanas a base de masacrar nazis. A priori parece que la película va a centrarse en el asesinato de nazis a diestro y siniestro, pero nada más lejos de la realidad. Los bastardos tendrán que protagonizar una misión de espionaje consistente en organizar un atentado en el estreno de El orgullo de la nación, la última película de Goebbels que va a estrenarse en París, y donde se reunirá todo el Estado Mayor de la Alemania nazi.
Aunque la película se desarrolla en un período concreto de la historia, bien conocido por todos, Tarantino no tienen ninguna intención de hacer un retrato fiel de los acontecimientos. Malditos Bastardos no deja de ser una comedia en toda regla, y aunque el drama del holocausto está muy presente en la película, Tarantino pasa olímpicamente del rigor histórico. Todos sabemos quienes eran los malos y los buenos, así que no hay necesidad de justificar nada.
El desarrollo de la cinta se divide en capítulos, que constituyen pequeñas joyas en si mismas, y dan pie al lucimiento absoluto de los actores. Hay que destacar el brillante trabajo de Christoph Waltz, que interpreta al malo de la película, el coronel nazi Hans Landa, más conocido como El Cazajudíos, y que resulta ser el verdadero protagonista de la película. Tampoco desmerece el trabajo de Brad Pitt, un actor que parece mejorar con cada película, en su interpretación del jefe de los bastardos, el teniente Aldo Raine, un americano macarra y chulo con el que es imposible no soltar un par de carcajadas. Como siempre Tarantino ha puesto especial atención al apartado visual y musical, aunque no es el centro de todo, como ocurría en Kill Bill.
Malditos Bastardos es una buena película, un homenaje al cine en toda regla. Tarantino no ha innovado nada, pero el resultado es excelente.
Trailer en español de Malditos Bastardos
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