SENSACIONES
Exposiciones
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| Acaban de ser detenidos por comprar jugadores de baloncesto (1942) (Foto: Weege) |
Por
Miguel Ayuso Rejas
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mayusomenos25com/6/6/14
Última actualización 24/03/2009@10:38:14 GMT+1
Decían que Arthur Fellig utilizaba la ouija para ser el primero en llegar a la escena del crimen, por ello se le empezó a llamar Weege (una onomatopeya de “ouija” en inglés). En realidad este maestro del fotoperiodismo no hablaba con los muertos, pero era el único que tenía permiso para meterse en la radio de la policia y los bomberos de Nueva York.
La Fundación Telefónica presenta en Madrid la mayor retrospectiva que hemos visto en España de la obra de Weegee. La exposición reune 270 imágenes de Nueva York, pertenecientes a la colección privada de los suizos Michel y Michèle Aue, que nos trasladan a la vorágine nocturna del Nueva York más crudo y violento.
El fotógrafo de la calle
Weegee era un mercenario de la fotografía. Lo único que buscaba era captar la realidad, cuanto más cruda e inmediata fuera mejor. En una época donde los periódicos aún se vendían, y más en Nueva York, su trabajo marcaba la diferencia. Después de trabajar durante años en el New York Times y la agencía Acme (la más importante de Nueva York) Weegee se cansó de que sus instantaneas nunca se publicaran firmadas en los periódico y decidió hacerse freelance y venderse al mejor postor. Fue entonces cuando su obra alcanzó la excelencia. Al trabajar como mercenario debía buscar las fotografía más impactantes y no le importaba utilizar cualquier método para conseguirlo. Weegee siempre llegaba el primero al lugar de los hechos y pronto se convirtió en una leyenda de las calles. Su fama fue tal que en 1938 las autoridades le concedieron el privilegio de acceder a la radio de la policía. Era el único fotógrafo de Nueva York que podía hacer tal cosa. Obsesionado por ser el más rápido se instaló un laboratorio en el maletero de su coche para poder revelar las instantáneas en la propia escena del crimen, a la que llegaba muchas veces incluso antes que la policía. Era entonces cuando vendía el trabajo al mejor pagador. Esta inmediatez por desgracia ha sido un gran problema para la recuperación posterior de sus fotografías. El procesado era tan rápido que muchos de los negativos conservados están en mal estado.
La grandeza de las fotos de Weegee no reside en la técnica, que puede ser incluso criticable, sino en el valor de la instantanea, de lo que está pasando. Su imágenes configuran un excelente retrato de la noche de Nueva York en los años 30 y 40. Al contrario que la mayoría de sus coetaneos Weegee no buscaba un estilo documental. El quería dejar clara su presencia. Su estilo no es aséptico, no se limitaba a observar lo ocurrrido, sino a magnificarlo y hacerlo espectacular, buscando ya de paso el punto sordido necesario.
Una de sus fotografías más celebres muestra a unas damas de la nobleza entrando a la opera justo al lado de una mendiga borracha. Al parecer fue el propio Weegee el que pagó a la indigente para que se pusiera en ese lugar.
No hubo suceso, accidente, evento o reyerta que no pasara por su cámara, pero no sólo se dedico a los asuntos truculentos, también realizo un importante retrato de la vida social de la ciudad, fotografiando a sus habitantes como nadie lo había hecho hasta entonces. Casi todo su trabajo está realizado de noche y siempre con flash. Por ello sus fotos son muy reconocibles, con rostros planos y grandes contrastes lumínicos.
Famoso en vida
Aunque el trabajo de Weegee era muy bien valorado en el mundo del periodismo nadie le daba crédito como artista. En 1945 el propio Weegee, que nunca se cansó de promocionarse a sí mismo, editó el libro Naked City, un clasicazo de la fotografía impresa en toda regla (que da nombre al gran grupo de jazz del, también newyorkino, John Zorn). El libro fue un tremendo éxito y le catapulto a la fama, que por otro lado siempre había buscado. Su fama aún así no le sirvió para ser reconocido en los ámbitos artísticos, donde otros grandes del fotoperiodismo como Walker Evans si empezaban a ser encumbrados. Sólo el MOMA exhibió sus fotografías mientras el vivía y sólo como parte de una retrospectiva colectiva. Hoy sin embargo es uno de los fotografos más famosos del pasado siglo y sus instantáneas cubren las paredes de cientos de museos. En 1992 Robert Zemeckis llevó la vida de Weegee al cine en la excelente El Ojo Público, donde Joe Pesci interpretaba el papel protagonista. Aunque hoy en día su estilo de trabajar podría acusarse, como mínimo, de poco ético es innegable que marcó un antes y un después en el fotoperiodismo.
La exposición se puede visitar hasta el 17 de mayo en la sede de Gran Vía de la Fundación Telefónica. La entrada es gratuita.