ACTUALIDAD
Fundador de la ONG española Sonrisas de Bombay
Última actualización 07/01/2009@13:58:47 GMT+1
¿Por qué fuiste al Congreso de Jóvenes con Valores?
Se pusieron en contacto conmigo, y me parece que han dado en el clavo por como han involucrado a los universitarios, centros académicos y otras instituciones.
¿Esperaba tanto público?
La verdad es que no, me ha sorprendido mucho.
¿Has participado en más congresos, ponencias o actividades de este tipo?
No muchos, porque hasta ahora he estado entregado 100% al trabajo del día a día de Bombay, que es mucho y no te deja mucho tiempo para otras cosas.
Has calificado lo que has visto como el infierno en la tierra, pero hay esperanza, ¿no crees?
El otro día cuando iba a Sevilla desde Barcelona, leí un artículo en El País en el que decía que en el infierno se vislumbra el paraíso. Y creo que gracias a la gente que se involucra en muchos proyectos se vislumbra el paraíso, y sobre todo gente de allí, de la India, que ayuda una barbaridad.
La India es una país pobre…
No es un país pobre, es un país con mucha gente pobre, que es algo muy diferente.
¿Hay mucha diferencia de clases dentro de la sociedad de la India?
La verdad es que bastante, exagerada, es bipolar. De verdad que es impresionante.
Por lo que dices, uno puede estar viviendo en un castillo y al lado, otro pasa los días en una chabola, ¿y no les ayudan?
No, la verdad es que no.
¿No te dio pena dejar a tu familia? ¿No fue duro decir de repente: mamá, me voy?
Lo primero que pensaba es que quería salvar a esos niños, entonces no pensaba en eso.
Sólo quería ir a Bombay, y me fui.
¿Desde hace cuanto tiempo que vives en Bombay?
Cuatro años.
¿Dónde vives allí?
En un barrio que se llama Ambery, en un piso. Nunca he compartido techo con los niños y jamás lo haré, porque la primera acusación que reciben personas de fuera que están trabajando con niños es de pederastía y te pueden expulsar del país. Prefiero ser precavido e ir dos pasos por delante del enemigo y jamás lo haré. De hecho, una noche no tenía donde dormir y preferí hacerlo en un banco delante de la casa donde estaban los niños.
¿Con cuanta frecuencia vienes a España?
Desde que publiqué el libro, voy y vengo continuamente por todo el mundo para promocionarlo.
¿Y para ver a tu familia?
Si, si que vengo a verles, claro. Creo que si no, sería una incoherencia, que predicara el amor y la importancia del amor y no lo hiciera con mi propia familia.
Antes has calificado tu vida anterior a tu marcha de cómoda, y eso que tenías que trabajar los fines de semana.
¡Era comodísima! Tenía luz eléctrica y agua, ¡claro que era cómoda!
¿Cuál crees que es la carencia importante que tienen los niño de allí?
Están completamente desprotegidos; por sus padres, la policía...
¿Cómo animarías a un chaval a que dejara todo y se fuera a un sitio en el que se le necesitara?
Se tiene que ir si cree que es un valor y que es necesario, porque igual tiene más valor quedarse donde está ayudando a otros.
Quizá en su propia familia.
Si, exactamente.
¿Y tú porque necesitaste irte fuera?
Es cuestión de elegir, ¿por qué una persona se enamora de su pareja y no de cualquier otra?
Tu dices que saludar en el ascensor ya es un detalle importante con los demás, ¿tu saludabas cuando vivías en España?
No, por eso en mi discurso he animado a los jóvenes a que lo hagan.
¿Qué destacarías de tu vida en el periodismo?
No estaba haciendo periodismo. Hoy en día es cuando lo estoy haciendo realmente.
Antes hacía refritos de notas de prensa y ahora estoy comunicando muchísimo más, no lo echo mucho de menos.
Antes has dicho que Dios tiene un papel en tu vida, ¿en qué sentido?
Si, porque el amor, la generosidad y muchos otros valores juegan un papel importante en mi vida, y esos valores existen por algo.
Si tu ves un avión sabes que lo ha hecho un ingeniero, pues es imposible que seamos tan soberbios de decir que estos sentimientos que se nos escapan hasta nosotros, que se le escapa hasta el científico más sabio, ha sido creado por nada; por el Big Bang. E insisto que estoy muy alejado de las religiones.
La gente habla mucho, y dice: ¿cómo Dios puede permitir eso? Y no es Dios el que lo permite, somos nosotros.